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Fiestas en honor a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca

HISTORIA DEL GRUPO

La mañana del día dos de Mayo del año cincuenta y nueve lanza a las calles de Caravaca a un grupo de amigos, que, casi con tanto valor como vergüenza, y enfundados en trajes de cristiano, intenta hacer realidad la idea que meses antes se gestaba en las cabezas de muchos: acabar con la vieja costumbre de pagar a gente para que realizara el festejo en honor de nuestra Patrona, encontrando así una nueva manera de honrar a nuestra Cruz. De esta forma, diez soñadores, junto a un grupo de arqueros, acompañaban a los Reyes y a su corte en lo que eran los primeros vislumbres del Bando Cristiano, los primeros pasos de la renovación de las fiestas. 

Apenas un mes antes, y en el seno de la Cofradía de los Azules, se había lanzado el reto; y dos grupos de jóvenes -y alguno no tan joven- aceptan el desafío. Unos se hacen moros, otros cristianos; decidiendo éstos últimos adoptar la denominación de "Templarios" por la repercusión que dicha orden de caballería tuvo en estas tierras allá por el siglo XIII. Con toda rapidez se encargan a la prestigiosa firma madrileña "Cornejo" la confección de los trajes: color gris, con cruz de único brazo en el pecho de color azul, al igual que los remaches, y capa roja. Se alquilan unos cascos, y se busca al herrero del pueblo para que prepare las lanzas, insignias templarias que aún perduran. Y cerrando el desfile cristiano, acompañados de la banda de tambores de Calasparra, se lanzan a la calle llenos de sueños, llenos de ilusión, en lo que sería la semilla de estos cuarenta años de fiesta. Algunos de estos diez fundadores de la Soberana Orden del Temple hoy nos ven desfilar desde el cielo: son los recordados Rosendo López Bolt, Cristóbal Díaz Azorín y Pedro López Guerrero; otros, incombustibles, siguen codo a codo con nosotros: Ramón García Álvarez, Juan Miguel Guerrero López y José Joaquín Sánchez Rodríguez; otros nos siguen con el recuerdo, desde la distancia: José Marín Giménez, Manuel Marín Fuentes, José Robles Sabatell y Francisco Olivares. Cerca de ellos, aquel día formaron la corte de los reyes cristianos dos futuros Templarios, Juan Olivares y nuestro añorado Adrián Caparrós Molina, quienes se integrarían poco después al grupo. 

Y fue un éxito. La gente acogió tan de buen grado la idea que muchos deciden fundar nuevos grupos, y el nueve de Mayo del mismo año, en la casa de Manuel Hervás, los templarios junto al otro grupo precursor de la fiesta, los Arqueros, fundan el Bando Cristiano, en el que inmediatamente se crean dos grupos más: Aragoneses y Santiaguistas -de donde años más tarde varios de sus miembros como Adrián Caparrós Molina, Pedro San Nicolás, Antonio Martínez-Iglesias Reina y José Álvarez Rodríguez, entre otros, pasarían a engrosar nuestras filas teniendo un papel destacado en el grupo-. 

La idea de hacer fiesta, de crear nuevos grupos y nuevas ideas, se extiende como un reguero de pólvora por todo el pueblo. Crece el número de moros, el de cristianos, y por supuesto el de templarios, cuyo número se amplía a veinte. Dentro de su seno, nacen nuevos subgrupos: el de la Bandera de Caravaca, alabarderos, banda de cornetas y tambores... 

Desde los comienzos, toma las riendas del grupo, desde la presidencia, Rosendo López Bolt, "Rudesindo, Duque de Bolt", convirtiéndose en el primer Gran Maestre de la Soberana Orden del Temple. (Figura ésta también recuperada de la historia, por ser el tratamiento que se le daba al superior de la orden.) El llorado Rosendo, desde los primeros momentos, sería el principal punto de referencia en los templarios. Trabajador incansable, dedicaba las veinticinco horas de su día a hacer fiesta, a idear el festejo, a "pensar en templario". De su fértil mente nace la idea de crear el grupo de la Bandera de Caravaca. Y así, acompañado por otros dos ilustres templarios, Cristóbal Díaz y José Antonio Ruzafa -que ingresaría en el grupo después de la primera salida de 1959, convirtiéndose casi desde el principio en pilar indispensable-, durante una noche del ya lejano 1960, toman "prestado" del balcón del Ayuntamiento el pendón municipal que encarna la bandera de nuestra ciudad, donde se hallaba expuesto con motivo del día de la provincia, y la llevan a casa de prestigiosas bordadoras para copiarla, y reintegrarla rápidamente a su lugar de origen. Tras meses de arduo trabajo queda confeccionada la nueva Bandera. Para sufragar su gasto, José Antonio Ruzafa y Rosendo recorren por las tardes todas las escuelas del pueblo con un proyector de cine con el fin de recaudar dinero. De esta forma nace en el seno de la Orden del Temple el subgrupo de la Bandera de Caravaca que capitaneará Salvador Andreu Ruiz, y que posteriormente, tras independizarse del grupo, acabaría tristemente desapareciendo de los desfiles. 

Para la segunda salida a la calle, en el año 1960, incrementado ya el número de templarios hasta la veintena, se encargará a Eduardo Caparrós, sastre caravaqueño, la confección de nuevos trajes. Y tres años después se produce la primera variación nuestro vestuario: esta vez los trajes consistirán en un sayal blanco y negro con la cruz templaria en el pecho, y con el dibujo de una salamandra verde en su espalda, y, al igual que los primeros, se financiarán con los fondos recaudados de las tómbolas organizadas por el Bando. Y, aún así, a pesar de las facilidades que se le daban a la gente para disfrutar la fiesta con el menor coste posible -pues tanto trajes como música se pagaban de las tómbolas-, en los años posteriores se producen varias bajas. Las raíces del festejo todavía no han arraigado con fuerza, y solo un grupo minoritario las entiende y disfruta de verdad. Es aquí cuando surge con fuerza la mano firme y la mente viva de Rosendo, y gracias a su "insistencia" se unen nuevos miembros al grupo, debiendo destacar, por su número, a los llegados de la casi extinguida Orden de Caballeros de Santiago, hoy felizmente recuperada. También, para incorporar a la gente joven en la fiesta, se crean los subgrupos de alabarderos y alabarderas, que en sus inicios serían empujados por José Antonio Ruzafa, al igual que los grupos infantiles de los que se encargaría Andrés López Auguy desde su incorporación al grupo en 1964. 

Mención aparte se debe hacer de la figura de Andrés, pues desde su ingreso se convertiría en apoyo constante de todos sus presidentes, y trabajador incansable por la fiesta, no solo en el grupo sino colaborando en el Bando, como vocal de la Undef, o también en Comisión de Festejos, de la que sería su Secretario varios años, y alcanzado la cúspide de su carrera festera durante los años 1990, 1991 y 1992, en los que ocupó el lugar más importante de nuestro escalafón festero, el cargo de Hermano Mayor de la Real Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera-Cruz. Andrés será el gran impulsor tanto de las actividades que fortalecerán tanto la economía del grupo como la del Bando, y más tarde de la Comisión de Festejos, organizando tómbolas y boletos, venta de tribunas; gran parte de "culpa" tendrá Andrés del esplendor del refugio templario de finales de la década de los setenta. Desde entonces hasta ahora la voz del Gran Cacique de los Templarios no dejará de oírse tanto en los círculos templarios como en otros cónclaves festeros. 

Para leer la crónica completa de los Templarios de Caravaca puedes visitar su página web: www.templarioscaravaca.com

FOTOS DEL GRUPO

Orden del Temple Orden del Temple Orden del Temple Orden del Temple Orden del Temple

 

Fundado en
1959
Componentes
80 aproximadamente
Redes sociales
 
Web
www.templarioscaravaca.com
Marchas
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